EML frente a MSG: qué son y en qué se diferencian
Un archivo .eml es un correo suelto en texto MIME, legible en cualquier sitio. Un .msg es ese mismo correo en el formato binario de Outlook, con propiedades que nunca salieron de ahí. Cuál te toca y cuándo importa.
Un archivo .eml es un correo suelto guardado tal cual viajó por internet: texto plano, en formato MIME, legible con cualquier editor de texto. Un archivo .msg es ese mismo correo guardado como lo guarda Microsoft Outlook por dentro: un contenedor binario que no te enseña nada sin Outlook o sin una herramienta hecha para descifrarlo.
El mismo mensaje, dos envoltorios. El envoltorio decide si el archivo se seguirá abriendo dentro de diez años sin el fabricante que lo creó.
Qué hay realmente dentro de un .eml
Ábrelo en TextEdit o en el Bloc de notas y estás leyendo el mensaje en sí. Arriba las cabeceras —From, To, Subject, Date, Message-ID y un montón de líneas técnicas—, luego una línea en blanco y luego el cuerpo. La versión en HTML y el PDF adjunto son partes MIME dentro de ese mismo archivo, con lo binario codificado como texto para que aguante el viaje.
Y ya está. EML no es un formato de archivo que diseñara nadie: es el formato de mensaje que definen el RFC 5322 y las normas MIME, escrito en disco sin tocar nada. La extensión es un convenio, no un contenedor, y por eso la opción «Mostrar original» de Gmail te da esos mismos bytes: si renombras la descarga a .eml, se abre como cualquier otro correo.
Qué hay realmente dentro de un .msg
Bytes que no puedes leer. MSG es el formato propio de Outlook, montado sobre la Compound Document Structure, el contenedor OLE2 que usaban los viejos .doc y .xls. Dentro, el mensaje se reparte en flujos con nombre: uno para el asunto, uno por cada versión del cuerpo, uno por destinatario, uno por adjunto.
Es propietario, pero no secreto: Microsoft publica la especificación, y por eso hay bibliotecas de terceros capaces de leer MSG. Lo práctico no cambia, eso sí. Nada de lo que trae macOS abre un .msg, nada de lo que trae Windows tampoco, y Thunderbird tampoco.
La comparación, sin marketing
| EML | MSG | |
|---|---|---|
| Lo define | El RFC 5322 y MIME, normas abiertas | Microsoft, un solo fabricante |
| En disco | Texto plano | Contenedor binario OLE2 |
| Legible en un editor de texto | Sí | No |
| Se abre en | Cualquier sistema y casi cualquier cliente | Outlook en Windows, o un conversor |
| Guarda | Exactamente lo que entregó SMTP | El mensaje más las propiedades de Outlook |
| Admite cosas que no son correo | No | Sí: citas, contactos, tareas |
La fila que más pesa es la penúltima. Un EML guarda el mensaje. Un MSG guarda el mensaje y además propiedades que nunca viajaron por la red: categorías, marcas de seguimiento, si está leído o no, la dirección interna de Exchange de un compañero en vez de la pública, si una tarea se completó. Convierte un MSG a EML y todo eso se pierde, porque la norma no tiene sitio donde ponerlo.
Ese es el único argumento honesto para conservar los MSG. Cuando lo que hay que preservar es la contabilidad interna de Outlook —las categorías que puso un equipo jurídico, una cita guardada como archivo—, el MSG es el registro y la conversión se deja parte por el camino. Para el correo en sí el argumento no vale: el mensaje sobrevive entero.
Cuál te vas a encontrar
Arrastra un mensaje del Outlook clásico de Windows al escritorio y te sale un .msg. Esa única costumbre explica la mayoría de los MSG que circulan por ahí, y casi nunca es una decisión de nadie: es lo que hace Outlook.
Casi todo lo demás produce .eml: el «Guardar como» de Thunderbird, un mensaje arrastrado de Mail al Finder, Outlook en la web, los sistemas de tickets, las fotocopiadoras de oficina que mandan documentos por correo, los servidores, los sistemas de archivado.
Mail de Apple es la excepción que conviene nombrar, porque despista dos veces. Lo que guarda es EMLX: un mensaje por archivo, con su longitud en bytes en la primera línea y una lista de propiedades XML de Apple al final. Quita esas dos cosas y un EMLX es un EML. Lo que exporta no es ni una cosa ni la otra: una carpeta llamada Bandeja de entrada.mbox con dentro un archivo llamado mbox, que es MBOX estándar.
Cómo se abre cada uno sin Outlook
El EML es fácil. En un Mac, al hacer doble clic se abre en Mail como una ventana de mensaje suelto: Mail lo muestra, no lo importa a tus buzones. En Windows 10 y 11 el archivo va a la aplicación de correo que esté registrada y, si no hay ninguna, abrirlo con el Bloc de notas te enseña el mensaje en crudo, suficiente para leer las cabeceras y ver quién lo envió de verdad. Mbox Viewer abre archivos .eml directamente en los dos sistemas, igual que los MBOX.
El MSG no es fácil, y conviene decirlo claro: Mbox Viewer no abre archivos .msg. Necesitas Outlook, un visor específico de MSG o un conversor. Si todavía tienes acceso al buzón del que salió el archivo, lo más barato con diferencia es abrir ese mensaje en Outlook en la web y descargarlo: te llevas un EML y el problema desaparece.
Cómo encajan los dos con MBOX
Un MBOX son muchos mensajes en un solo archivo, cada uno precedido por una línea que empieza por From . Un EML es uno de esos mensajes por su cuenta. Esa es toda la relación, y por eso convertir de uno a otro es cuestión de contar, no de ingeniería: parte el MBOX por las líneas From y tendrás una carpeta de EML; pon una línea From delante de cada EML, concaténalos y tendrás un MBOX. Mbox Viewer exporta los mensajes seleccionados a EML sin pagar nada, y la guía de conversión recorre los dos sentidos.
El MSG no tiene ese atajo. Hay que descifrarlo antes, y por eso todo camino de salida de Outlook pasa por un conversor: el mismo rodeo que necesita un PST, con su guía propia.
Un aviso antes de convertir un archivo entero en ficheros sueltos: una carpeta con 200.000 EML es un suplicio. El Finder y el Explorador se arrastran, las copias de seguridad tardan horas y buscar en todos es más lento que buscar en un solo archivo grande. Para un puñado de mensajes, EML. Para un archivo histórico, MBOX.
Si puedes elegir
Elige EML, por las mismas razones por las que MBOX le gana a PST: es el formato en el que tu correo ya existe mientras vuela, y sigue siendo legible en un editor de texto mucho después de que hayan desaparecido todos los programas que podían abrirlo.
Quédate con el MSG solo cuando lo que importe sean las propiedades de Outlook. Y si la respuesta sincera es «miles de mensajes», no elijas ninguno de los dos: métetelos en un MBOX y quédate con un archivo en vez de con una carpeta que nadie quiere abrir.
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